MEDITACIÓN 16082026 – Canal Esperanza de Vida

MEDITACIÓN 16082026 – Canal Esperanza de Vida

“Estando Él en cierto lugar orando, cuando terminó, sucedió que uno de sus discípulos le dijo: Señor, enséñanos a orar, como también Juan enseñó a sus discípulos. Les dijo: Cuando oréis, decid: Padre, santificado sea tu Nombre. Venga tu reino. El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. Y perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe; y no nos metas en prueba.
También les dijo: ¿Quién de vosotros tiene un amigo, y va a él a media noche, y le dice: Amigo, préstame tres panes, porque un amigo ha llegado a mí de viaje, y no tengo qué poner delante de él; y aquél, respondiendo desde adentro, diga: No me molestes; la puerta ya ha sido cerrada y mis niños están conmigo en la cama y no puedo levantarme a darte?
Os digo que, aunque no se levante para darle por ser su amigo, por su importunidad se levantará y le dará cuantos necesite.
Y Yo os digo: Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad a la puerta, y se os abrirá.
Porque todo el que pide, recibe, y el que busca, halla, y al que llama a la puerta, se le abre.
¿Y a cuál de vosotros, como padre, si su hijo le pide un pescado, le dará en lugar de un pescado una serpiente? O si le pide un huevo, ¿le dará un escorpión? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más el Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?” Lucas 11:1-13

Seguimos hablando de oración.

A veces, cuando oramos en público, no oramos con tanta valentía como en privado. En público, nuestra reputación está en juego y tenemos cuidado con lo que decimos. No nos arriesgamos a que nuestra oración no se cumpla delante de todo el mundo y se estropee nuestra reputación.

Sin embargo, en privado, sí que somos valientes y pedimos cualquier cosa a Dios, por loca que sea porque, si no se cumple, no se va a enterar nadie.

Pero esa es una forma errónea de actuar porque cuando oramos con fe, no estamos poniendo en juego nuestra reputación, sino la de Dios porque, en cualquier caso, fue Él quien hizo la promesa.

Ahora, si tenemos temor a perder nuestra reputación, es muy probable que nunca pongamos a prueba la reputación de Dios.

Y es que, si no ponemos a prueba a Dios, no estaremos haciendo lo que Él quiere que hagamos. Dios es el Dios de lo imposible; y si no le pedimos que haga lo imposible, ¿para qué lo va a hacer?

Nosotros debemos hacer todo aquello que seamos capaces de hacer; y pedir lo imposible al Señor.

El texto del comienzo de la meditación de hoy nos pone un ejemplo de oración insistente. Hay momentos en los que necesitamos orar; momentos en los que debemos dejar de orar; y otros en los que debemos insistir una y otra vez con nuestras oraciones.

Al fin y al cabo, todas las respuestas a las oraciones no dan la gloria al que ora, sino que dan la gloria a Dios. Entonces, ¿por qué nos cuesta tanto el hacer oraciones arriesgadas?

Mirar, pienso que el problema general de las oraciones es que no las soltamos. Cuando por ejemplo tenemos un problema le pedimos a Dios que nos ayude con el problema y nos libere de la carga. Sin embargo, seguimos cargados porque no soltamos la oración, no nos liberamos de ella.

La Biblia dice que nuestras oraciones están en el cielo. “Cada uno tenía un arpa y llevaba copas de oro llenas de incienso, que son las oraciones del pueblo de Dios.” (Apocalipsis 5:8). Pero a pesar de saber que están en el cielo, no nos liberamos de la carga y sujetamos fuertemente la oración con nosotros.

El día que entendamos que cada petición es como un globo que lo rellenamos con la oración, lo soltamos, sube al cielo y por lo tanto ya no lo tenemos, sentiremos un gran alivio espiritual cada vez que oremos porque sabremos que el problema ya no está con nosotros, sino con Dios.

Dios desea responder nuestras oraciones, pero debemos de dejarle hacerlo. A veces somos nosotros los que se lo impedimos.

“Traigan todos los diezmos al depósito del templo, para que haya suficiente comida en mi casa. Si lo hacen —dice el SEÑOR de los Ejércitos Celestiales— les abriré las ventanas de los cielos. ¡Derramaré una bendición tan grande que no tendrán suficiente espacio para guardarla! ¡Inténtenlo! ¡Pónganme a prueba!” Malaquías 3:10

Incluso el Señor nos reta a ponerle a prueba, porque quiere bendecirnos, quiere responder nuestras oraciones, pero nosotros no debemos de impedírselo.

Es una pena que nuestras oraciones no reciban respuesta por culpa nuestra.

Examinémonos en esta mañana en la que nos vamos a reunir con los hermanos para dar la gloria a Dios y oremos, dejando ir la oración, para que el Señor pueda contestarla.

¡Oremos!


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