“El propósito de Dios con todo esto fue utilizar a la iglesia para mostrar la amplia variedad de su sabiduría a todos los gobernantes y autoridades invisibles que están en los lugares celestiales. Ése era su plan eterno, que él llevó a cabo por medio de Cristo Jesús nuestro Señor.” Efesios 3:10-11
Este texto nos habla del plan de Dios y ayer estuvimos planificando en la reunión de la Fraternidad de Pastores. Se habló de todos los planes para el año y el presidente llamó nuestra atención sobre algo que puede suceder en nuestras iglesias.
Tendemos a planificar el año y hay una serie de cosas que repetimos: reuniones de mujeres el último sábado de mes, ciertos cultos de festividades especiales, el culto de aniversario, los de comienzo y fin de año, semana santa, navidad, etc., etc.
Si comparamos el calendario de un año con el de otro veremos que son iguales. Tenemos una planificación rutinaria. Y viendo esto, ¿dónde está la guía del Espíritu Santo? ¿la obra es nuestra o de Dios? ¿dónde está la dirección de Dios en nuestros planes? ¿cuánto tiempo dedicamos a la salvación de las almas?
Y estas reflexiones sirven tanto para organizaciones grandes, como para iglesias pequeñas, como para nuestros hogares.
Como familia, en nuestros hogares, ¿de qué forma nos ocupamos para que el plan de Dios se lleve a cabo?
Fijaros en el texto que hemos leído porque muchas veces pasamos por alto detalles de la lectura que son muy importantes.
¿Cuál era el plan eterno de Dios? Era la salvación de todos, tanto judíos como gentiles, por medio de Jesucristo.
Y sabemos que los ángeles no tienen necesidad de salvación y por lo tanto no la han experimentado.
Ahora, ¿quién dice el texto que le va a enseñar sobre la gracia de Dios a los ángeles? La iglesia, ¿verdad? ¿Te habías dado cuenta cuando habías leído este texto que dice que la iglesia es la encargada de enseñar a los principados y potestades del cielo?
Y, ¿cómo podemos hacer eso? Sencillo, viviendo como hijos obedientes de Dios, viviendo como nacidos de nuevo, viviendo como rescatados de las tinieblas a la luz, preguntando a Dios que es lo que quiere que hagamos y haciéndolo, obedeciendo a nuestros pastores puestos por Dios para guiarnos, etc.
En definitiva, cambiando. Conversión significa cambio.
Pensar que los ángeles no conocen el poder de la gracia porque no lo necesitan; pero al ver la restauración de Dios en nosotros, al ver el cambio fruto de la gracia de Dios, ellos aprenden algo que en el cielo no ven porque en el cielo no se cambia, en el cielo están los cambiados.
“Cuando pienso en todo esto, caigo de rodillas y elevo una oración al Padre, del cual toma su nombre toda familia en los cielos y en la tierra.” Efesios 3:14-15
Y fijaros como Pablo, en el mismo texto, incluye en la misma familia tanto a los que están en el cielo como a los que estamos en la tierra.
Hay un propósito: la salvación de todo el que cree; pero hasta la salvación tiene un fin que es darle la gloria a Dios.
Entendemos la salvación como lo máximo, pero el fin no acaba en el propósito, sino que el fin de todo, por importante que sea, es siempre darle la gloria a Dios.
Recibimos unos beneficios en cuanto a aprendizaje, formación, madurez, guía, provisión, etc., que tienen un propósito de cuidado y protección nuestro; pero incluso en esos aspectos tan particulares, el fin último es darle la gloria a Dios.
“Mirad que no menospreciéis a uno de estos pequeños; porque os digo que sus ángeles en los cielos ven siempre el rostro de mi Padre que está en los cielos.” Mateo 18:10
Otro texto dice que, si no somos como niños, no entraremos en el reino de los cielos. Nosotros debemos aprender de los niños, pero como vemos, los ángeles también aprenden de ellos.
Familia, hagamos lo que hagamos, pensemos que el fin último siempre es darle la gloria a Dios. Y ahora, para meditar en ello, preguntémonos: ¿Le doy con mis hechos siempre la gloria a Dios?
Es una buena pregunta que nos ayudará a madurar y, madurando, darle la gloria a Dios.
¡Oremos!
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