LECTURA XIV. LA CENA DEL SEÑOR

Hace algunas semanas hablamos sobre el bautismo cristiano como una introducción al tema que hoy trataremos: la Cena del Señor.

Según nuestra fe dar culto a Dios es una respuesta de adoración comunitaria y personal, voluntaria y sincera, centrada en reconocer la soberanía de Dios y obedecer su Palabra (la Biblia).

Principios fundamentales del culto
• La adoración en espíritu y en verdad, Basado en el Evangelio de Juan (4:23-24),
el culto no depende de rituales mecánicos o lugares sagrados específicos, sino de una actitud del corazón sincera y alineada con la verdad de las Escrituras.
• Con Carácter comunitario y participativo, Aunque la vida devocional es diaria e individual, el culto público es una reunión de la iglesia local como un cuerpo vivo, donde todos los creyentes participan activamente. Lo que Suelo llamar Reunión de los discípulos de Cristo
• Con la Biblia como eje central: El contenido del culto gira en torno a la lectura, exposición y predicación de la Palabra de Dios, acompañada de la oración y la enseñanza.
Nuestros elementos habituales de la reunión, el Canto de himnos y canciones espirituales, Oración en comunidad, Lectura de las Escrituras. Predicación del Evangelio, Ofrendas voluntarias y la celebración de las ordenanzas (el bautismo de creyentes y la Cena del Señor, entendida esta última como un acto conmemorativo)
• Creemos que cada creyente tiene acceso directo a Dios a través de Jesucristo como único mediador, por lo que el culto no requiere de una jerarquía sacerdotal intermediaria.
• El estilo sencillo y sin liturgias rígidas, el servicio busca ser comprensible, ordenado y reverente, evitando formalismos vacíos o imposiciones rituales que no estén fundamentadas en el Nuevo Testamento.

Entrando en nuestro tema que es la Cena del Señor, Frente a esto, cabe preguntarse: ¿el Señor también comió del pan y tomó del vino? Si nuestra respuesta es afirmativa, allí radica la certeza de que su acción constituye un simbolismo perpetuo. Así como él lo hizo, nosotros haremos de igual manera, obedeciendo sus mandamientos nuevos y acertados mediante su Espíritu, que ahora habita en nuestro ser. Su comunicación es directa a nuestro espíritu, dándonos la profunda certeza de que él está presente en cada instante, tal como lo está en estas líneas escritas con ruegos y súplicas para que se anclen en tu alma como en un puerto seguro.
Su anuncio de entrega quizás no fue entendido por algunos de los presentes en esa ocasión, pero vemos que posteriormente fue aceptado y bien encauzado. Llegó hasta nuestros días a través de los escritos y de la transmisión de conocimientos recordados en los corazones de los discípulos, por medio de la promesa de que su Espíritu les haría recordar todas las cosas. De allí surge la importancia de apartar tiempo para la meditación profunda, dejando que él nos hable mentalmente mientras aprendemos a reconocer su voz natural y única, la cual se detecta mediante la constante permanencia en su presencia. Su voz es un hilo muy fino; por ello, para saber distinguirla, es necesaria una comunión constante en observación. Hay voces que no siempre se pronuncian en forma de pensamientos, sino a través de situaciones que ocurren en el día a día. Aunque buscar la relación con otras personas que han experimentado lo mismo es fundamental, los lazos tendidos por nuestro adversario son múltiples, lo que dificulta la deducción lógica en ciertos casos. Nutrirse de buenos hábitos y acciones hacia los demás es, y siempre será, un árbitro para su confirmación, aunque no tanto como la lectura bíblica de los ejemplos dejados para nuestra edificación.
La frase «Está escrito», dicha por los dos personajes en la discusión bíblica, solo toma fuerza cuando es leída y pronunciada verbalmente o en el pensamiento; es decir, en el corazón. La fuerza de lo escrito solo se da por cierta cuando se complementa con las Escrituras y se sopesa con la certeza del propósito para el que fue destinado. Al decir que «no solo de pan vivirá el hombre», se ejemplifica la nutrición física en contraposición con toda palabra que sale de la boca de Dios, a saber, sus acciones de auxilio y rescate hacia el ser humano.

Para ilustrar la importancia de discernir y escuchar la voz correcta en momentos difíciles, comparto dos vivencias personales:
La primera: Tenía 14 o 15 años. Me encontraba muy mal en el colegio; estudiaba de noche y había entrenado básquetbol por la tarde, así que no era mi mejor día y me sentía exhausto. Durante la clase pedí permiso para salir, alegando que no me encontraba bien. Era una noche de tormenta con una lluvia muy fuerte. En Brasilia, la capital de Brasil, cuando llueve, el agua cae de verdad. Hacía un viento terrible y yo vivía a varios kilómetros de la escuela. Lo primero que pensé fue en buscar ayuda, y los primeros que me vinieron a la mente fueron mis padres. Sabía que estarían haciendo compras en un supermercado a unos tres kilómetros (distancia que hoy conozco gracias a Google Maps, porque en ese entonces no sabía leer mapas de papel). Al llegar al supermercado, vi la furgoneta de mi padre, me metí en los asientos traseros y me quedé dormido. Me desperté al día siguiente con mi madre al lado, diciéndome que tenía una enfermedad llamada rubéola (o sarampión alemán).
La segunda vivencia ocurrió cuando En el año 2003, cuando le reclamaba a mi médico de cabecera porque sentía que algo andaba mal, me dijo que mi problema era pensar que siempre estaba enfermo; es decir, que era hipocondríaco. Me lo dijo en confianza, ya que habíamos forjado una amistad cercana. Tiempo después, cuando llegué a urgencias con un cuadro grave de pancreatitis, me confesó: «Siento no haberte hecho caso».

¿Qué quiero transmitir con estos dos ejemplos de vida al tratar el tema de la Cena del Señor? Cuando Jesús instituyó la Cena —o como algunos la llaman, esta escena dramática—, se encontraba en una situación extremadamente difícil. El texto bíblico en la Traducción en Lenguaje Actual (TLA) relata en Mateo 26:26:
«Mientras estaban comiendo, Jesús tomó un pan y dio gracias a Dios. Luego lo partió, lo dio a sus discípulos y les dijo: «Tomen y coman; esto es mi cuerpo». Después tomó una copa llena de vino y dio gracias a Dios. Luego la pasó a sus discípulos y les dijo: «Beban todos ustedes de este vino. Esto es mi sangre, y con ella Dios hace un trato con todos ustedes. Esa sangre servirá para perdonar los pecados de mucha gente. Esta es la última vez que bebo de este vino con ustedes. Pero cuando estemos juntos otra vez, en el reino de mi Padre, entonces beberemos del vino nuevo». Después de eso, cantaron un himno y se fueron al Monte de los Olivos».
A partir de este texto se han expuesto miles de predicaciones a lo largo de la historia del cristianismo y de la vida de los discípulos de Cristo. Incluso el apóstol Pablo habló de esta escena en 1 Corintios 11, un pasaje que leemos casi siempre en la conmemoración de la Cena del Señor.
Es importante prestar atención a los detalles del texto. Por eso insisto en el uso de palabras similares con significados diferentes: para que se acostumbren a notar los pormenores de las Escrituras y de las situaciones particulares de la vida, como ocurre en las anécdotas que suelo contar y que tanto le gustan a Joao, el soldado aquí presente. No son solo para reír, sino para aprender de ellas. Miren la frase clave: «Mientras estaban comiendo»; es decir, celebraban una cena nocturna. No había solo pan y vino sobre la mesa, ya que conmemoraban la Pascua y, si eran fieles a las costumbres, debieron incluir el cordero asado y las hierbas amargas que alguien tuvo que preparar. Posiblemente no estaban solos los doce jóvenes y el Maestro, aunque el texto bíblico no mencione explícitamente a nadie más.
DIAPOSITIVA 7
Para entender la transición entre lo que la ciencia explica y lo que la fe nos demanda, consideremos la siguiente escena: Un niño le pregunta a su padre: «Papá, ¿qué es un átomo?». El padre, desconcertado de que su hijo hiciera esa pregunta con apenas 10 años, le explicó científicamente lo que sabía: «Un átomo contiene un núcleo central denso formado por protones y neutrones, rodeado por una nube de electrones». «Bueno, eso ya lo he leído», dijo el niño, «pero ¿quién creó los protones y los neutrones? ¿Y por qué tienen ese movimiento según los describen? Porque Juancito, mi amigo del cole, dice que todo fue formado por Dios». El padre, sin saber qué responder ante la evidente conclusión de que todo terminaba en la creencia de un Dios creador del cielo y de la tierra, se limitó a decir: «A ver, ¿qué hora es? ¡Vaya faena! Es hora de dormir, que mañana tienes que levantarte temprano para ir al cole a estudiar».
DIAPOSITIVA 8
Joao, por su parte, se involucró en un área que no era estrictamente espiritual, sino sentimental y práctica. Les explico: al enfermarme nuevamente, se preocupó por traerme una sopa «levanta muertos» (o mejor dicho, levanta enfermos). Era una delicia de sopa, aunque no tenía sal. Esto fue intencional, para que el cuerpo no se esforzara en procesar el sodio y se concentrara en recuperarse. Ya sé que la ciencia médica dice otra cosa respecto a la sal, pero veámoslo de esa forma. Me llamó varias veces para saber cómo estaba, envió mensajes de preocupación, me dijo que oraría ante el trono de la gracia intercediendo por mi salud y continuó pendiente. ¿Quién no retribuiría con afecto tanto cuidado y cariño?
Aquí es donde encaja la frase de un autor anónimo: «Dios mide el amor por la obediencia, no por los sentimientos ni las emociones intensas».
La clave es «la obediencia». Esta es superior a cualquier sentimiento que podamos experimentar. Quizás pensemos que las acciones que demuestran interés por el cónyuge son amor; y sí lo es, pero antes fue obediencia al mandato de Cristo. De eso se tratan los evangelios: de obedecer frente a la evidencia del pecado; de obedecer ante el mandato de conmemorar su muerte, aun cuando parezca un acto luctuoso. Conmemorar la muerte de alguien suele traer una carga de alegría solo si se tratara de un enemigo, lo cual parecería contradictorio. Sin embargo, en el caso de Jesús ocurre todo lo contrario: lo hizo por amor, pero en estricta obediencia al diseño divino. Al fallecer en la cruz, dio vida a una incalculable cantidad de personas que ni siquiera podemos imaginar, porque no podemos prever cuántos se entregarán aún a los pies de Cristo. La escena litúrgica está cargada hoy en día de sincretismos, como mencionamos en la última enseñanza sobre la confesión de fe. Dejarnos llevar por los sentimientos es muy fácil y habitual, pero no es el estándar espiritual.
La frase «el obedecer es mejor que los sacrificios» se encuentra en la Biblia, específicamente en 1 Samuel 15:22:
• Quién lo dijo: El profeta Samuel.
• A quién se lo dijo: Al rey Saúl.
• Por qué lo dijo: Saúl desobedeció una orden directa de Dios de destruir por completo a los amalecitas y su botín. En lugar de obedecer, Saúl perdonó al rey enemigo y guardó los mejores animales, alegando después que planeaba usarlos como sacrificio para Dios.
Parecía una intención genuina. Entretanto, Dios no valora los rituales, ofrendas o sacrificios religiosos si estos se realizan desobedeciendo su voluntad. La obediencia sincera de corazón es más importante que cualquier acto externo. De eso se trata todo, como ya lo suponíamos, aunque a veces no lo practiquemos y lo convirtamos en un simple ritual.
DIAPOSITIVA 9
«La doctrina de la iglesia ha destruido muchas vidas a través de su historia». Pero no se trataba de la doctrina de Cristo, sino de las normas de los hombres que componen la institución. Doctrinas humanas que hacen la cruz más pesada de lo que debería ser, poniendo clavos en todo el cuerpo de Cristo y no solo en sus manos y pies, alegando que eso significa estar limpio de pecado. Es hacer más de lo debido, pretendiendo morir en lugar de Jesús o pretendiendo que se laven otras partes del cuerpo, tal como dijo Pedro en el Evangelio de Juan 13:9: «Señor, no solo mis pies, sino también las manos y la cabeza».
DIAPOSITIVA 10
A continuación, se presenta un análisis comparativo entre Mateo 26:26 (el relato de la institución de la Cena del Señor por Jesús) y 1 Corintios 11:23-26 (la recepción y transmisión de esta ordenanza por el apóstol Pablo).
Desde la perspectiva de la teología evangélica, ambos textos fundamentan una de las dos ordenanzas principales de la iglesia (siendo la otra el bautismo). Sostienen una postura memorialista (o de presencia espiritual simbólica) y rechazan tanto la transubstanciación católica como la consubstanciación luterana. Para la gran mayoría de los discípulos de Cristo actuales, el pan y el vino son símbolos del cuerpo y la sangre de Cristo.
Concordancias principales entre ambos textos
A pesar de ser escritos por diferentes autores (Mateo y Pablo) y en contextos distintos (Mateo estuvo presente y Pablo afirma haberlo recibido directamente del Señor), ambos pasajes muestran una perfecta armonía doctrinal:
• El origen divino: En ambos textos, Jesús es el iniciador central. Pablo enfatiza que lo que transmite lo «recibió del Señor» (1 Co 11:23).
• Los elementos simbólicos: Ambos utilizan exactamente los mismos elementos: el pan y la copa (fruto de la vid).
• La acción de gracias: Tanto Jesús como Pablo mencionan el acto de «dar gracias» o bendecir los elementos antes de partirlos.
• El Pacto: Ambos pasajes vinculan la sangre de Jesús con el Nuevo Pacto, el cual sustituye y cumple el antiguo pacto mosaico mediante el sacrificio pascual definitivo.
Diferencias más resaltantes y añadiduras del apóstol Pablo
El relato de Mateo es una crónica histórica y presencial de lo que ocurrió en el Aposento Alto. En cambio, Pablo escribe unas dos décadas después para corregir abusos en la iglesia de Corinto. Desde la perspectiva Paulina, se añaden detalles teológicos y pastorales cruciales:
Aspecto Mateo 26:26 1 Corintios 11:23-26 (Añadiduras de Pablo)
El mandato del memorial Jesús dice: «Tomad, comed; esto es mi cuerpo». Pablo añade explícitamente las palabras de Jesús: «Haced esto en memoria de mí» (tanto para el pan como para la copa).
La dimensión profética y futura Jesús mira hacia el Reino futuro: «no beberé más de este fruto… hasta aquel día». Pablo añade el marco temporal de la iglesia: «la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga», conectándolo con la Segunda Venida.
El carácter de proclamación Se enfoca en la comunión íntima del momento histórico con los doce. Pablo añade que el acto en sí es un sermón visible: «la muerte del Señor anunciáis» (es una proclamación pública del evangelio).
La advertencia y el autoexamen No se mencionan advertencias disciplinarias en ese versículo específico. Pablo añade (en los versículos v. 27-29) la necesidad de examinarse a uno mismo para no participar de manera «indigna».
Explicación de las aportaciones de Pablo
1. El carácter Memorial («En memoria de mí»): Esta es la base de la eclesiología evangélica. Mientras que en Mateo el énfasis está en el cumplimiento de la Pascua, Pablo aclara el propósito permanente para la Iglesia: la Cena es un acto de recordatorio e identificación con el sacrificio de Cristo, no una repetición del sacrificio.
2. Proclamación hasta su venida: Pablo eleva la Cena del Señor a un acto evangelístico y escatológico. Cada vez que la iglesia local celebra la comunión, está predicando visualmente que Cristo murió por los pecados y anunciando con esperanza que Él regresará.
3. La responsabilidad eclesial (El autoexamen): Debido a que los corintios menospreciaban a los hermanos pobres durante la cena, Pablo añade directrices éticas. Esto justifica la práctica de la «comunión de los creyentes», donde se invita a la congregación a ponerse a cuentas con Dios y con el prójimo antes de tomar los elementos.
DIAPOSITIVA 11
5 – Creemos que las Escrituras enseñan que la Cena del Señor es cierta provisión de pan y vino, que representa el Cuerpo y La Sangre de Cristo, y que de ella participan los miembros de la iglesia reunidos para el efecto,
6 – conmemorando así la muerte de su Señor,
7 – proclamando la fe que le tienen, su participación en los merecimientos de Su sacrificio, su necesidad de que les suministre vida y nutrimiento espirituales,
8 – y su esperanza de la vida eterna en virtud de la resurrección de Cristo de entre los muertos; y que debe preceder a su observancia el examen detenido de sí propio por cada partícipe.
Iglesia Esperanza de Vida – Valencia
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DE LUNES A SÁBADO
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MARTES
19 h Reunión en Catadau
MIÉRCOLES
17 h Consejería
18 h Discipulado Bautismo
19 h Estudio bíblico y oración
JUEVES
19 h Reunión de Jóvenes
SÁBADOS
Uno diferente al mes, reuniones jóvenes, mujeres, hombres y matrimonios
DOMINGO
11:30 h Culto dominical
TELÉFONOS DE INTERÉS
IGLESIA: Fernando 620 051 630
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RASTRO: Bogomil 603 459 429