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“Antes ustedes estaban muertos a causa de su desobediencia y sus muchos pecados. Vivían en pecado, igual que el resto de la gente, obedeciendo al diablo —el líder de los poderes del mundo invisible—, quien es el espíritu que actúa en el corazón de los que se niegan a obedecer a Dios. Todos vivíamos así en el pasado, siguiendo los deseos de nuestras pasiones y la inclinación de nuestra naturaleza pecaminosa. Por nuestra propia naturaleza, éramos objeto del enojo de Dios igual que todos los demás.” Efesios 2:1-3

¡Qué buena descripción hace Pablo de lo que era nuestra vieja vida! Vivíamos en pecado obedeciendo al diablo.

Ya hemos hablado otras veces de que solo hay dos reinos, luz y tinieblas… si alguien piensa que está en algo intermedio como la penumbra, está equivocado, porque la oscuridad es la ausencia de luz, y si hay luz, todo lo demás de disipa. O estás en el reino de luz, o estás en el reino de la oscuridad.

Solo existe el bien y el mal. El casi bien no existe. Una media verdad es una mentira.

Solo existe el cielo o el infierno. No hay limbo, ni purgatorio, ni nada que se le parezca. La Biblia habla únicamente de dos destinos eternos, el cielo y el infierno.

Solo Dios y Satanás. Solo el Dios Todopoderoso y dueño de todo lo existente o el diablo, el príncipe de este mundo. O estamos con uno o con el otro; no hay un estado intermedio.

Lógicamente, cuando alguien se convierte su vida cambia, y lo que hacía ya no lo hace más porque su vida ha cambiado. Precisamente, conversión significa cambio.

Y es por eso que Pablo lo ilustra de la siguiente forma en la misma carta para que todo el mundo entienda.

“Si eres ladrón, deja de robar. En cambio, usa tus manos en un buen trabajo digno y luego comparte generosamente con los que tienen necesidad.” Efesios 4:28

El problema es que muchas veces no somos conscientes de lo que estamos haciendo y de la implicación que ello conlleva. Puede que inconscientemente hagamos cosas que nos apartan de Dios sin saberlo.

Ya os he contado en alguna ocasión que una vez, yendo Fina y yo a visitar a María, nos encontramos con dos hermanas orando mientras miraban hacia un edificio. Les saludamos y les preguntamos que por qué motivo estaban orando allí; y nos dijeron que le estaban pidiendo al Señor que les mostrase en que piso se debían meter de okupas.

En otra ocasión, nos encontramos dentro de Consum a un hermano que había quedado sin trabajo y estaba robando comida. Lo tomamos del brazo, lo sacamos a la calle y dijimos que no lo hiciera más y lo llevamos a la iglesia.

Son dos ejemplos diferentes de lo mismo, pero con diferentes puntos de vista. Las primeras, las que estaban okupando la casa, no se estaban dando cuenta de que estaban robando una propiedad. No veían mal lo que estaban haciendo. Sin embargo, el primero sí que era consciente de que estaba robando, pero lo justificaba diciendo de que tenía que llevar comida a su casa.

Tanto a las unas como al otro les dije que mientras se buscasen la vida ellos, no estaban permitiendo a Dios obrar. Si Dios te va a dar una casa, pero tú te apropias de una ¿te la facilitará Dios o esperará a que confíes plenamente en Él, dejando que sea Él y no tú tu proveedor?

Si Dios te va a dar un trabajo para que comas, pero mientras te dedicas a robar para comer, ¿te va a proveer Dios de ese trabajo? Para qué, si el trabajo era para comer y tú ya te has buscado la comida.

No sé si me estoy explicando… solo hay dos proveedores, Dios y el diablo. Y Dios no provee a través del pecado.

Y esto solo son dos ejemplos de los muchos que podía poner para que entendamos lo que Dios espera de cada uno de nosotros. En el ejemplo de Pablo lo que dice es que el que robaba, al convertirse ya no lo hace. Antes quitaba a la gente sus propiedades, pero ahora, como ha cambiado, trabaja para conseguir dinero y el fruto de su trabajo lo comparte con quien tiene necesidad. Eso es lo que dice Pablo.

“Pero Dios es tan rico en misericordia y nos amó tanto que, a pesar de que estábamos muertos por causa de nuestros pecados, nos dio vida cuando levantó a Cristo de los muertos. (¡Es sólo por la gracia de Dios que ustedes han sido salvados!) Pues nos levantó de los muertos junto con Cristo y nos sentó con él en los lugares celestiales, porque estamos unidos a Cristo Jesús. De modo que, en los tiempos futuros, Dios puede ponernos como ejemplos de la increíble riqueza de la gracia y la bondad que nos tuvo, como se ve en todo lo que ha hecho por nosotros, que estamos unidos a Cristo Jesús.” Efesios 2:4-7

Piensa ahora por un momento. Está claro que antes de convertirnos, debido a que vivíamos en un mundo de pecado, nuestro proveedor era el príncipe de este mundo… Pero al convertirnos, al cambiar, al no vivir para el pecado, al vivir para el Señor, nuestro proveedor es Dios… Piensa ahora sin prisa: analizando tu forma de vida, ¿sabes bien quien es tu proveedor?

Y os invito a tener sin prisa esta meditación porque los hermanos de los ejemplos que os he puesto no eran conscientes del mal que estaban haciendo y es posible que a nosotros nos suceda lo mismo. Analicemos sin prisa nuestra vida y entreguémosla toda al Señor. Él no quiere un pedazo o lo que nos sobra. Dios nos pide que le entreguemos todo. Dios quiere ser nuestro único proveedor.

¡Oremos!

 

 

 


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