Vino, pues, palabra de Jehová a mí, diciendo: Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué, te di por profeta a las naciones.” Jeremías 1:4-5
Durante todos estos días estamos hablando de oración y de escuchar a Dios; y me sorprende la claridad con que los personajes bíblicos decían que recibían la palabra de Dios.
A veces, el ver con que claridad escuchan, puede que a nosotros nos perjudique en el sentido de que digamos: “yo nunca le voy a escuchar así”.
Es como cuando el hermano que lleva poco tiempo con nosotros escucha a alguien pronunciar una oración larguísima y piensa: “yo nunca voy a orar así”.
Pero debemos de tener claro que, igual que el orar es una práctica, el escuchar a Dios también lo es. Está claro que Dios puede hablarnos como y cuando quiera (hasta a través de una burra); pero si nos referimos al tiempo devocional, el escuchar a Dios requiere de práctica.
Y por el texto que hemos leído, está claro que Jeremías tenía práctica.
Y si pensamos en el llamado de Jeremías, podemos pensar en nuestro propio llamado. Quizá, en el momento de convertirnos no somos muy conscientes de la implicación de este texto. Sencillamente nos sentimos salvados, y ya está. Pero cuando ya llevamos un tiempo en Señor y vemos todo lo que ha hecho en nosotros y a través de nosotros, entonces entendemos la implicación que tiene el que el Señor nos conociese incluso antes de haber sido engendrados.
En el texto vemos que dice que Jeremías ha sido llamado como profeta a las naciones. Y esto siempre se interpreta como un llamado a ser misionero en otros países.
Pero piensa ahora en ti. ¿Tu vives en un país o en el espacio? ¿vives en una nación? Pues tu llamado está allí donde estés.
Tu eres un misionero llamado por Dios desde antes de haber sido engendrado para servirle allá donde estés. No importa si estás en tu país de origen o en otro. Eres un misionero enviado a ese lugar. No importa si estás de viaje en un crucero; eres el misionero del barco. No importa si estás en la cárcel; eres el profeta de la cárcel… no importa el lugar; lo que importa es que somos misioneros enviados por Dios al lugar en el que estamos en este mismo instante… No mañana, ¡hoy!
Quizá pienses que vas a estudiar en el seminario de teología y que después serás misionero… ¡error! Cuando acabes el seminario serás misionero donde el Señor te lleve, pero hoy eres misionero donde tus pies estén.
Mira tus pies ahora… ¿los has mirado?… ¿dónde están? … ¿están en Picassent, en Valencia, en Madrid, en la cárcel o en la cama de un hospital? ¡Perfecto! Acabas de encontrar tu lugar de trabajo. Ahora solo te queda “misionear”.
“¿Pero cómo pueden ellos invocarlo para que los salve si no creen en él? ¿Y cómo pueden creer en él si nunca han oído de él? ¿Y cómo pueden oír de él a menos que alguien se lo diga? ¿Y cómo irá alguien a contarles sin ser enviado? Por eso, las Escrituras dicen: «¡Qué hermosos son los pies de los mensajeros que traen buenas noticias!».”
Pies hermosos, a “misionear”.
¡Oremos!
Iglesia Esperanza de Vida – Valencia
Calle Campet de Tomàs, 13
46220 – Picassent (Valencia) – España
Móvil: (+34) 620 05 16 30
esperanzadevidavalencia@gmail.com
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