“Ellos lo han vencido por medio de la sangre del Cordero y por el testimonio que dieron.” Apocalipsis 12:11
Recuerdo qué, cuando me convertí, hace más de 40 años, todos usábamos la versión de la Biblia RV60. Todos íbamos al culto con nuestra Biblia, más o menos tuneada y reparada debido al desgaste derivado de su uso continuo. Las Biblias estaban “manoseadas”… hoy se ven como recién salidas de la imprenta.
Recuerdo también que, durante el culto, cuando el pastor citaba un texto de la Biblia decía siempre: “cuando lo tengan digan amén”. Era un ritual que se repetía predicación tras predicación.
Hoy todo eso se ha perdido. Ahora hay muchísimas traducciones de la Biblia, pero ya no llevamos ninguna al culto. Al principio de esta nueva época mirábamos el pasaje en el móvil, pero ahora ni eso; ahora tenemos el PowerPoint en la pantalla, ¿para qué vamos a molestarnos en buscar el texto?
Y algo más que también se ha perdido era el momento de dar testimonio durante el culto. El pastor decía: “fulano o fulana” quiere contar un testimonio. Y la persona subía y contaba lo que Dios había hecho en su vida (previamente había hablado con el pastor y se lo había contado a él para cuidar a la persona dado que, en ocasiones y debido a la emoción, se contaban cosas demasiado íntimas).
Todo eso se ha perdido, pero, si releemos el texto, veremos que la victoria viene por la sangre de Cristo y el testimonio que damos.
Cuando damos testimonio nos animamos unos a otros, pero sobre todo le damos la gloria a Dios.
Suponte que estás orando por algo que no llega y ya piensas que Dios está dormido, pero de pronto, un hermano da testimonio de que a él le ha llegado. Entonces, el que despiertas eres tú y te das cuenta de que Dios no duerme… entiendes que sencillamente aún no ha llegado el tiempo de recibirlo y vuelves a estar esperanzado.
Ayer hablaba con alguien y le ponía el ejemplo del coche. Suponte que tu hija menor de edad te pide un coche. Tú le explicas que para tener un coche debe de tener cierta edad, aprender a conducir y sacarse el carné. Hay una serie de requisitos que debe de cumplir y un tiempo que debe esperar. Ahora, llega a la edad adecuada, ella aprende a conducir y se saca el carné. ¿Qué te toca hacer a ti? Pues, si se lo has prometido, comprarle el coche.
Y así son las promesas de Dios. Hay unos requisitos que cumplir y un tiempo de espera, pero “a Su tiempo segaremos”, porque todas las promesas de Dios son sí y amén.
Puede que nosotros prometamos cosas que no podemos cumplir, pero las promesas de Dios son sí y amén por su buena voluntad.
Y cuando Dios responde a una oración, necesitamos dar testimonio de ello. No es suficiente con anotarlo en nuestro diario espiritual. No importa si la petición era grande o pequeña. Cuando Dios responde a una oración necesitamos contarlo para alentar a los hermanos y darle la gloria a Dios.
Dios no está muerto. Está bien vivo y no ha dejado de obrar nunca. Jesucristo venció al enemigo en la cruz del Calvario y nosotros sellamos esa victoria con nuestro testimonio. ¡No dejemos de hablar de lo que Él ha hecho para alimentar la fe de los demás y darle toda la gloria al Señor!
¡Oremos!
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