“El SEÑOR llevará a cabo los planes que tiene para mi vida, pues tu fiel amor, oh SEÑOR, permanece para siempre. No me abandones, porque tú me creaste.” Salmo 138:8
Y hablando de vivos y muertos, pensaba en esta mañana en todos y cada uno de los lugares de donde me sacó o me libró el Señor.
Cuando era un poco más joven que ahora, hacía muchas locuras. Con 16 años me fui al ejército, en concreto a la marina, y ahí empezó mi vida loca que duró entre 10 y 11 años.
Durante ese tiempo, tuve muchísimos accidentes de coche. En concreto, en 13 de ellos envié el coche directamente al desguace. Y nunca me pasó nada. Y por daros solo un dato más, en el último mes antes de convertirme me dieron más de 100 sobredosis y los médicos me daban solo 15 días de vida.
Pero como vemos en el texto del principio, los planes de Dios se cumplen sí o sí y se cumplen por más difíciles que sean las circunstancias. Ahora llevo más de 40 años sirviéndole. Ya he cuadruplicado con el Señor los años que estuve apartado de Él. Y he multiplicado por no sé cuánto el tiempo que me daban de vida los médicos.
Y es qué, como veíamos el otro día, para Dios no hay nada imposible. Nadie apostaba un céntimo por mí, pero Dios tenía un plan y eso es inamovible. ¡La paciencia de Dios para con Sus hijos es inagotable!
Además, el propósito de Dios se cumple, no gracias a nosotros, sino a pesar de nosotros. Porque si dependiera de nosotros, no se cumpliría nada, pero afortunadamente no depende de nosotros, sino de Dios.
En estos días estamos hablando de la oración y normalmente oramos para que el Señor nos saque de situaciones o problemas, pero, a través de la oración, el Señor no solo nos puede sacar de situaciones, sino que nos puede ayudar a atravesar esas situaciones para que crezcamos, para que maduremos mientras atravesamos la situación.
Recordemos la oración de Pablo en cuanto a su enfermedad. Él, inicialmente oraba pidiendo por su sanidad, pero cuando entendió que debía vivir con la enfermedad, entonces le dio gracias a Dios porque entendió que el vivir dentro del problema, en lugar de perjudicarle le fortalecía.
Piensa ahora en tu situación, en tu problema. ¿Le estás pidiendo a Dios que te libre de él o que te ayude a vivir con él? Lo cierto es que de lo que se trata es de que se haga Su voluntad, ya sea que nos quite el problema o que nos enseñe a crecer con él. Cualquiera de las dos cosas, si es Su voluntad, será bueno para nosotros.
Lo importante es que, mientras pasamos por cualquiera de estas dos situaciones, nuestra fe no desfallezca.
“Nunca dejen de orar.” 1ª Tesalonicenses 5:17
El proceso está dentro de la oración. Si no dejamos de orar, en Su momento, entenderemos el propósito de Dios. Pero debemos de orar, más que pensando en que Dios cambie la situación, buscando el que Dios nos cambie a nosotros. ¿Me explico?
Podemos estar orando para que Dios cambie las circunstancias a nuestro alrededor, sin ser conscientes de que el propósito de las circunstancias es que nos ayuden a cambiar y que la meta final no es que las circunstancias cambien, sino que cambiemos nosotros.
Si nuestra oración se limita a “sácame de aquí, sácame de aquí, sácame de aquí”, estamos centrados en eso de tal manera que no aprendemos la lección y la prueba puede ser eterna. Busquemos siempre el propósito de la prueba.
Y recordemos que, la prueba dura lo que tardemos en aprender la lección.
¡Oremos!
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